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La Minerva no duerme tras el triunfo de Colombia en Guadalajara

Ni la tormenta ni la distancia frenaron una celebración que encontró su recompensa con la victoria de la selección colombiana.

Miles de aficionados colombianos hicieron "suya" La Minerva | Farid Santos
Miles de aficionados colombianos hicieron "suya" La Minerva | Farid Santos | Farid Santos

Pasan los días y la comunidad colombiana sigue conquistando Guadalajara. Lo hace a su manera: con música, color, banderas y una alegría desbordante que parece no conocer límites. 

Si un día antes el tradicional "banderazo" había tomado la Glorieta de La Minerva, esta vez la cita era para sufrir, cantar y, finalmente, celebrar junto a la selección cafetera.

Colombia conquista Guadalajara en la cancha y en las calles

La diosa griega sabe de campeones; ha sido testigo de incontables festejos deportivos locales, pero esta vez se preparó para albergar una historia extranjera con sabor local. 

Las pantallas gigantes encendidas anunciaban que la noche sería especial y los parceros respondieron como mejor saben hacerlo: con tambores, camisetas amarillas y cánticos que hicieron del corazón de la ciudad una extensión de Bogotá, Medellín o Barranquilla.

Ya nadie dice que Guadalajara es la sucursal de Colombia en México como una simple ocurrencia; la frase se ha convertido en una hermosa realidad. El amarillo, azul y rojo cubrieron el panorama mientras miles de voces transformaban el monumento en un auténtico carnaval. 

Al sonar el silbatazo inicial, llegaron las ilusiones depositadas en figuras como James Rodríguez, Luis Díaz y el arquero local Camilo Vargas. El himno colombiano retumbó con tal fuerza que pareció borrar de golpe los más de tres mil kilómetros de distancia con el país sudamericano.

El encuentro fue ríspido. Llegaron las ocasiones falladas, los gritos ahogados y la tensión propia de un partido donde se buscaba un resultado histórico. 

Incluso la lluvia tapatía apareció para poner a prueba la fidelidad de la afición, pero los miles de asistentes permanecieron firmes bajo el agua, aferrados a la esperanza de un gol.

Y entonces, la magia sucedió. Al minuto 76 explotó La Minerva. Lo que el agua intentó apagar fue encendido por una sola jugada que terminó en el fondo de las redes. 

El festejo fue inmediato: saltos, abrazos y lágrimas hicieron temblar la glorieta. Con el silbatazo final, Colombia aseguró tres puntos históricos y Guadalajara confirmó que, bajo el cobijo de La Minerva, hay noches en las que simplemente está prohibido dormir.

CH


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Kevin Hernández
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